Los deberes

Mi hijo no quiere hacer deberes en casa

 

Los deberes

 

Nos encontramos ante un dilema que atormenta a muchos padres y que forma parte de su día a día. Llantos, rabietas, quejas y un sinfín de comportamientos dirigidos a la evitación de aquello que más detestan algunos niños, los deberes.

 

¿Cómo conseguir que nuestros hijos hagan sus deberes sin desfallecer en el intento?, ¿Es mejor el castigo o la recompensa para conseguirlo?, ¿Estoy haciendo algo mal como padre?, ¿Por qué a los profesores les hace caso y a mí no?  Éstas son algunas de las preguntas que suelen hacerse los padres cuando se enfrentan a este problema y, por ello, el objetivo de este artículo es intentar aportar cierta luz a las mismas.

 

Si bien puede parecer una respuesta un tanto utópica, la realidad es que la principal arma con la que contamos es la paciencia. Muchos padres al leer esto pensarán “si yo soy muy paciente, pero es que mi hijo me saca de quicio…”. Es comprensible que tras reiteradas batallas en pos de lo mismo, uno acaba rebasando sus límites y no tiene en el mismo nivel de tolerancia que tenía al principio. Pero no debemos olvidar que son niños (por muy mayores que nos parezcan en ocasiones) y que los deberes suponen una tarea de por sí carente de atractivo, más si tenemos en cuenta que han pasado gran parte del día estudiando y haciendo ejercicios en clase.

 

Aparte de la paciencia, ¿De qué otros recursos podemos aprovecharnos para conseguir nuestro propósito? Tenemos a nuestro alcance una gran cantidad de objetos y actividades que poseen un gran atractivo para nuestros hijos y que pueden suponer la victoria de muchas de estas batallas. La promesa de ser recompensados con ellos si cumplen con los objetivos marcados, adquiere un poder tan intenso que hasta los más resistentes acaban cediendo. Para ello, debemos cumplir lo prometido, por supuesto. De lo contrario, perderíamos no sólo la confianza y la credibilidad ante nuestros pequeños, sino que además diluiríamos el poder que previamente le habíamos otorgado a estas recompensas.

 

En ocasiones, otra estrategia que aporta resultados es la retirada de aquellos objetos o actividades que mayor interés despierten en ellos. En otras palabras, la posible pérdida de actividades “largo tiempo” esperadas o de pequeños caprichos, provocan tal pavor que la realización de los deberes se convierte en un mal menor. No obstante, como ocurría en el caso anterior, su poder radica en el cumplimiento de lo prometido. Si no cumplimos con nuestra palabra, la próxima vez que utilicemos este recurso no tendremos credibilidad alguna frente a nuestro hijo y perderá toda su eficacia.

 

En definitiva, no existen fórmulas mágicas para conseguir que los más pequeños hagan los deberes sin rechistar, pero si hay ciertos “trucos” de los que podemos servirnos para conseguir nuestro objetivo. Como último apunte, hay que señalar que en aquellos momentos en los que sintamos que la situación nos sobrepasa y que estamos acercándonos a nuestro límite, una buena opción es dejar un momento sólo a nuestro hijo, tomar aire y volver a enfrentarnos a la situación una vez que estemos más calmados. Recordando que una vez también fuimos niños y tuvimos que pasar por los “temidos y odiados deberes”.


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